orquideas y bienestar
domingo, 1 de diciembre de 2013
EL FRIO PERJUDICA A LAS ORQUIDEAS
Todo y que las orquideas tienen gran poder de adaptacion, las que compramos en jardinerias y floristerias estan acostumbradas a temperaturas de entre 20-22º.
Por eso cuando las ubicamos en ambientes más frios se les cae la flor y no lucen bonitas
miércoles, 27 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
caprichos botanicos
Sofia, gracias por tu invitación, pues nunca pensaba yo, en los caprichos tan llamativos y sorprendentes que nos ofrecen las plantas: debido a tu bloc, he visitado una pagina de orquídeas y me quede "anonadado".Como prueba de ello te dejo algunas que me resultaron curiosas.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Orquídeas Peruanas
El Perú cuenta con una gran diversidad de orquídeas, algunas restringidas a sus regiones naturales. Son epífitas o terrestres. Crecen entre los 100 y 4.600 msnm. Muchas de ellas están en peligro de extinción debido al comercio ilegal y la deforestación de su hábitat. De las 30.000 especies de orquídeas, en el Perú crecen más de 3.000.
La diversidad de microclimas en el Perú permite una gran variedad de orquídeas. Han sido apreciadas desde épocas precolombinas por las culturas nativas del Perú.
Recientemente mediante un convenio entre "Servicios Postales del Perú" y el "Instituo Nacional de Recursos Naturales del Perú", el 15 de febrero de 2004[1] se han emitido estampillas con tres orquídeas peruanas: Stanhopea sp (especie), Psychopsis sp (specie) y Chloraea pavonii.
En Perú tambien hay leyendas y tradiciones , como la de llevar una orquídeas en la tradicional fiesta de los 15 años ( Las Quinceañera )
En Perú tambien hay leyendas y tradiciones , como la de llevar una orquídeas en la tradicional fiesta de los 15 años ( Las Quinceañera )
Orquídea blanca
Historias, Leyendas y Origenes
Leyendas
Sobre
las orquídeas se han hilvanado muchas leyendas. Según los griegos,
los Cosmosandalon, Sandalia del Mundo, era la flor favorita de Ceres
y con ella se adornaban los sitios por donde paseaban a la divinidad.
Parece que la flor nombrada no era otra que el Ofirum Ferrum-equinum,
encontrado más tarde por Desfontaines en los alrededores de Corfú.
La India
también tiene su leyenda, La Diosa Ailoe huyendo hacia las montañas
para no ver los horrores que cometían con sus fieles los “barbaros”
invasores, fue dejando girones de su túnica celestial en las espinas
de los zarzales y, como eran rastros divinos, indestructibles, se
convirtieron en flores cerúleas que mas tardes los hombres llamaron
Vanda Coerulea.
En Java, según
escrito del botánico holandés Blume, cuenta: “una Diosa, de
belleza extraordinaria, cubierta con un precioso manto de seda, se
apareció a los indígenas para inspirarles sentimientos elevados,
pero éstos, pervertidos y groseros, la persiguieron hasta hacerla
refugiarse en lo mas intrincado de la montaña. Triste y abatida
extendió sobre las piedras su manto divino y retornó donde los
hombres colérica y amenazante, éstos al verla imploraron su perdón
y le suplicaron dejarle su precioso manto divino para protegerlos,
ella ofreció enseñárselos por última vez antes de retirarse al
cielo, pero algunos fragmentos se habían quedado enrredados en las
piedras donde el velo había sido extendido y poco a poco fueron
germinando dando hojas semejantes a la seda del velo divino; devotos,
contemplando el milagro, hicieron procesiones para recoger aquellas
pequeñas plantas, destruyendo las restantes para que no fueran
profanadas. A pesar del cuidado y de sus rezos, las plantas empezaron
a marchitarse y a morir, desesperados imploraron a la Diosa que les
devolviera su tesoro, ella viendo verdadero arrepentimiento en sus
fieles, revivió con su aliento las raíces abandonadas en las rocas,
que todavía subsisten, y así se conservan esas joyas que se llaman
Macodas Petola, de hojas satinadas, verde claro con matices
purpurinos, adornadas con dibujos amarillos que parecen lentejuelas
de oro”
Historia de
las Orquídeas
El filósofo
griego Theophrastus (300 años a.C.) es reconocido por muchos como el
primer botánico por su manuscrito "Indagaciones sobre las
Plantas", en el que describe algunas orquídeas del Mediterráneo
y les da el nombre genérico de Orchis (en griego) que significa
testículo.
En el siglo I,
el cirujano de Nerón, Dioscorides, en su libro Materia médica
atribuye a las orquídeas propiedades que influyen en la sexualidad
del hombre. Por 16 siglos se aceptaron estas teorías médicas y se
creía que la orquídea era un afrodisíaco que incrementaba la
sexualidad masculina e inclusive que podía influenciar para que un
niño por nacer sea varón.
La Iglesia
Católica consideraba a las orquídeas como el alimento de Satanás,
y que las orquídeas impulsaban al hombre a los excesos. En el
tratado Tragus de Hieronynus Bock (1489-1554) y posteriormente en el
libro Mundos Subterraneus del Jesuita Athanasius Kirchen en 1665, se
afirmaba que las orquídeas no producían semillas y que las plantas
brotaban del semen perdido del emparejamiento de los mamíferos.
En 1737, las
orquídeas son rescatadas de la superstición por Carolus Linnaeus en
su obra Genera Plantarum.
En cambio, en
la China las orquídeas ya habían sido dibujadas y descritas
científicamente desde el siglo III.
La primera
referencia sobre orquídeas americanas se encuentra en el Codex
Badianus, un tratado de plantas medicinales aztecas, en 1552. En este
libro se describe la vainilla; con el fruto de esta orquídea se
preparaba el tlilxochitl, una poción usada como perfume, especería
o medicina.
Cabe mencionar
que es muy probable que la vainilla, al igual que el cacao, sea
original de los territorios que hoy pertenecen al ecuador y que hayan
sido domesticadas y comercializadas en la fase tardía de la cultura
Valdivia con otros pueblos de Mesoamérica.
El interés por
las orquídeas recién se despertó en Europa cuando floreció la
primera orquídea del Nuevo Mundo, Bletia verecunda. Esta planta fue
enviada de las Bahamas a Inglaterra en 1733. En esa ocasión se llevó
del Pacífico a Inglaterra 15 especies espectaculares de orquídeas,
y, lo que en un inicio fue una especialidad para botánicos se
convirtió en la orquideomanía de los nobles.
Todos los ricos
tenían que construir un orquideario como una obligación acorde con
su estatus, y cuando una orquídea florecía, el evento daba lugar a
grandes fiestas y la noticia cubría las primeras planas de la
prensa.
El comercio de
las orquídeas realmente comenzó a ser factible con el
descubrimiento del barco a vapor, a mediados del siglo XVIII, época
del apogeo de la orquideomanía.
Grandes
compañías surgieron en el continente Europeo, especializadas en la
recolección y venta de orquídeas. Se armaron grandes y costosas
expediciones al Asia y al trópico del Nuevo Mundo, especialmente
hacia la Real Audiencia de Quito.
Estas
expediciones duraban varios meses en mula a través de los Andes y
meses en el océano, por lo que solo muy pocas de las orquídeas
sobrevivían. Por algunas especies raras se pagaban grandes sumas;
hay registros de una orquídea cotizada en 3 000 libras esterlinas,
que significaba un poder adquisitivo que hoy se podría equiparar con
65 000 dólares americanos. Gracias a estos precios, algunos
empresarios se volvieron millonarios en pocos años.
Los amantes de
la aventura viajaban a América y al lejano Oriente, ya no en busca
de tesoros perdidos, minas de diamantes o del fabuloso Dorado, sino
en busca de la legendaria orquídea azul o de una verdadera orquídea
negra.
El hábitat de
las especies raras era un secreto celosamente guardado. Algunas
especies de orquídeas no se han vuelto a encontrar en este siglo. El
único dato registrado de su origen puede ser tan escueto como
"estribaciones en la Nueva Granada", virreinato que incluía
a los actuales territorios de Panamá, Colombia y Ecuador.
El comerciante
de orquídeas Oversluys envió del Perú a la compañía Sanders en
Inglaterra 17 000 plantas de una sola especie: la Cattleya rex, que
se vendían a un equivalente de 100 dólares cada una.
Ya en 1885, el
inglés B. S. Williams se quejó de esta depreciación de la
naturaleza y de la consiguiente falta de respeto a las futuras
generaciones.
A principios
del siglo XX la era de la orquideomanía llegaba a su fin. El costo
de mantenimiento de los invernaderos era extremadamente alto.
En algunos
casos se requería hasta 7 toneladas de carbón al día para mantener
las condiciones tropicales necesarias en los inviernos crudos de
Europa. Con la carestía energética, agudizada por la Primera Guerra
Mundial, se dificultó el mantenimiento de un orquideario. La locura
por las orquídeas terminó de un golpe con la detonación de una
carga de explosivos que puso el duque de Devonshire en sus templos de
vidrio.
Con la
depresión de 1929, el cultivo de orquídeas a gran escala
definitivamente pasó a manos de empresarios comerciales.
Recién en 1904
se descubre que la semilla de la orquídea requiere de hongos
microscópicos para que estos le surtan de la alimentación necesaria
a fin de que la semilla, carente de féculas, pueda germinar.
18 años
después, el norteamericano Lewis Knudson descubre un medio sintético
esterilizado denominado agar, idóneo para que germinen las millones
de semillas que produce cada orquídea. Con este descubrimiento se
inicia la comercialización de flores cortadas de orquídeas.
Pero este fue
solo el inicio de lo que constituye hoy una multimillonaria
industria. El francés Georges Morel descubre cómo reproducir
vegetativamente las orquídea en el año 1956.
Esta técnica,
hoy día perfeccionada, permite reproducir y multiplicar las
orquídeas a base de una célula de la planta tomada del rizoma, de
una hoja o inclusive de un pétalo de la flor. Con esta técnica
denominada meristemación se pueden obtener más de 100 000 plántulas
en menos de un año a un costo total de menos de 5 000 dólares.
Las células
son divididas y multiplicadas por ultravibración y de cada nueva
célula brotará una nueva planta que guarda exactamente las mismas
características de la planta original. Así, por ejemplo, una planta
premiada que florece justo el Día de la Madre es multiplicada miles
de veces en el laboratorio y el empresario puede firmar contratos a
futuro asegurando la entrega, a la fecha indicada, de miles de flores
cortadas de características iguales a la foto del catálogo.
Pero los
japoneses sorprenden al mercado mundial en los años 70. Ellos
adquirieron, de la noche a la mañana, todas las orquídeas híbridas
premiadas posibles, especímenes únicos, a un costo de 1.000 a 5.000
dólares por planta y las multiplicaron vegetativamente,
convirtiéndolas en decenas de miles. Así inundaron el mercado
mundial vendiendo a pocos dólares cada una.
Datos de
Interés
La primera
mención que se conoce de las llamadas orquídeas exóticas se
refiere a la Laelia Majalis de México, descubierta por Hernández en
1615, poco después se mencionó la Stanhopea Tigrina. En 1688 el
botánico Jean Ray hace mención de la Disa Grandiflora, Sur de
África.
En 1765 fue
llevado a Inglaterra un pie de Vanilla Planifolia y la primera
orquídea exótica que floreció en Europa fue la del Epidendrum
Cochliatum en 1787.
El verdadero
empuje por el conocimiento de las orquídeas lo dio Lindley, Profesor
de la Universidad de Londres, al publicar su famoso libro “Género
y especies de las plantas orquidáceas” en el año 1840. Después
de las expediciones de Jean Linden a Brasil, México, Venezuela y
Colombia de 1835 a 1845 fue que se pudo apreciar el verdadero valor
ornamental que poseían las bellísimas flores de los países
tropicales.
Del
descubrimiento de las primeras orquídeas grandes como son: Las
Labiatas del Brasil, las Mossiaes, Gaskelianas y otras de Venezuela,
las Trianas, Mendelis, Gigas, etc… de Colombia, se han escrito
muchas versiones. La que mas parece cierta es la siguiente: Los
ingleses en viaje al Brasil para recolectar líquenes, musgos, etc,
después de haberlos acondicionado, estuvieron escogiendo hojas
apropiadas para envolverlos, se fijaron en ciertas plantas de hojas
duras y carnosas con bulbos llenos de agua, que indudablemente
llenaban el objeto deseado y procedieron a cortar un gran número de
ellas; así, simplemente como un envoltorio de protección llegaron
las primeras orquídeas de ese género a Inglaterra. Un inglés de
apellido Cattley, mas por curiosidad que por espíritu botánico, se
puso a cuidar los pedazos de la planta envoltorio, y se quedó
atónito cuando al cabo de pocos años vio florecer la primera
orquídea. Fue un acontecimiento y en premio a su cuidado fue llamada
Cattleya y como era distinta a las otras orquídeas hasta ese momento
encontradas, pues su pétalo central (labelo) era de gran tamaño, se
denominó tipo Labiata. Así vivió la primera Labiata para el viejo
mundo, la flor que revolucionó la floristería y por la cual se han
gastado millones de dólares para cultivarlas en los países
invernales.
En busca de las
Labiatas se organizaron expediciones para las Américas, se fletearon
barcos con ese solo fin, los primeros cargamentos fueron vendidos a
precios fabulosos, la Americana había destronado a todas las otras
flores, las damas las querían para adornar sus galas, los hombres
para endulzar a sus Dulcineas. Los cargamentos se sucedieron sin
interrupción, un saqueo para la flora americana, así como se habían
llevado el oro, los brillantes y las perlas, querían monopolizar a
la reinas de las montañas. Los excesos casi mataron a la gallina de
los huevos de oro, los precios empezaron a bajar y nuestras flores a
respirar libremente, el rapto de las Sabinas Americanas había tomado
un ritmo mas pausado.
El cuidado de
las primeras plantas resultó un problema, los primeros que llevaron
las plantas a Europa contaron que las habían recolectado en bosques
espesos, fríos y húmedos, donde el sol no penetraba, y los
cultivadores, queriendo acomodarlas a su mismo ambiente, construyeron
invernaderos sombríos y fríos y las plantas comenzaron a morir por
pudrición. Probaron nuevos métodos, hicieron viajes especiales para
averiguar el verdadero “hábitat” de las plantas y al fin
lograron establecer un verdadero ambiente tropical por medio de la
calefacción húmeda y fue cuando empezó el gran negoxio de la venta
de flores en toda Europa. Se multiplicaron las floristerías, Se
publicaron libros indicando como arreglarlas para alcanzar el mayor
valor ornamental, las damas elegantes las hicieron sus favoritas para
adornar sus toilettes. La Americana dictó la moda y devolvió en
belleza lo mucho que en cultura habíamos recibido del viejo mundo.
Las
orquídeas de hoy
La venta de las
plantas de orquídeas o sus flores cortadas es hoy en día una
agro-industria masiva. Solo en Estados Unidos se vende al año más
de un billón de plantas. Pero todas estas son plantas de orquídeas
híbridas; esto significa que diferentes géneros y especies
silvestres han sido cruzadas artificialmente para mejorar sus
características, de acuerdo al gusto, tanto en color y tamaño como
en forma, tiempo de floración y facilidad de cultivo.
Hay más de 120
000 híbridas registradas en el mercado y las orquídeas silvestres
ya no tienen importancia en el comercio mundial.
Únicamente los
centros de investigación botánica y un número muy reducido de
orquideólogos se interesan todavía por el cultivo de especies
silvestres. Esto es una pena, porque el cultivo es el único método
que asegura la supervivencia de las especies en peligro de extinción,
ya que su hábitat se encuentra seriamente amenazado por la
agricultura extensiva.
Curiosamente,
los ecólogos de los países industrializados, despistados de la
evolución que ha sufrido el mercado mundial de orquídeas, deciden
en 1976 firmar en Washington el Tratado Internacional de Protección
de las Especies en Peligro de Extinción (CITES) en el cual, además
de algunos animales, del sinnúmero de familias de plantas solo se
incluyen las orquídeas, los cactus y las euforbias.
Las orquídeas
solo se tomaron en cuenta, porque alguno de ellos leyó en algún
libro que la Compañía Sanders exportó del Perú (como ya hemos
dicho) 17 000 plantas de Clattleya rex, poniendo a esta especie en
aparente peligro de extinción. Pero se olvidaron de un detalle: eso
fue hace 100 años. Hoy muchas especies de orquídeas están en
peligro, pero muchas otras definitivamente no.
La recolección
de orquídeas silvestres en los bosques tropicales recién talados es
una necesidad imperiosa, ya que la continua expansión agropecuaria
asegura la total destrucción de los ecosistemas de las áreas no
declaradas como naturales, y la extinción de las especies endémicas
en los sectores bajo colonización es un hecho incuestionable.
Las
asociaciones de orquideología tienen como objetivo el asegurar la
supervivencia de algunos ejemplares de cada especie, ubicándolos ya
sea en jardines botánicos o promoviendo el intercambio entre los
miembros particulares de diferentes países, para que en el futuro
los ejemplares de cultivo de especies extintas en la naturaleza, sean
multiplicados (ya sea por semilla o meristemáticamente) y, bajo
parámetros ecológicos muy rigurosos, haya la posibilidad de
reintroducirlas en áreas protegidas que tengan condiciones parecidas
a su hábitat original.
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